MUJERES .... VIDA PENITENCIARIA...
Una vez encarceladas, las necesidades de vida y de
reinserción de las mujeres privadas de libertad, son diferentes de los hombres,
en particular en lo que respeta a la salud y la atención de la maternidad.
Las mujeres representan un pequeño porcentaje de la población
penal de la UE, alrededor del 5% aunque en España este alcanza el 10% tiene el
mayor número de reclusas, casi el doble. Las características más comunes de los
perfiles de estas personas privadas de libertad es que lo están por delitos
menores en general y sufrían marginación social, y que además bastantes de
entre ellas sufrían violencia de género no denunciada, o incluso violencia
sexual continua.
Una vez encarceladas, las necesidades de vida y de
reinserción de las mujeres privadas de libertad, son diferentes de los hombres,
en particular en lo que respeta a la salud y la atención de la
maternidad.
Hace unos años, los eurodiputados pidieron a la Comisión y
al Consejo de la CEE que adoptase una decisión marco sobre normas mínimas, para
proteger los derechos de los presos en virtud del artículo 6 del Tratado de la
UE, especialmente en lo referente a las necesidades específicas de las mujeres
debido, a “la ausencia de medios para llevar a cabo las misiones encomendadas a
las prisiones, particularmente en el caso de las mujeres en prisión, minoría
cuyas necesidades específicas no se tienen suficientemente en cuenta en los
países de la UE".
Como también invitan a los Estados a proporcionar apoyo
psicológico a las mujeres presas, en particular aquellas que han experimentado
violencia, así como las madres responsables de familia y menores.
En cuanto a la maternidad, las mujeres embarazadas -insisten
desde Europa- deben tener acceso a la atención prenatal y postnatal.
¿Cómo se llevan a cabo esas recomendaciones?
Se habla de reconocimientos a las presas cuando en realidad
deberíamos afirmar que son derechos, los que las asisten plenamente que debemos
garantizar.
¿Qué medios se pone a la disposición de los establecimientos
penitenciarios para llevar a cabo estos cometidos?
Toda la estrategia moral del sistema penal moderno, por lo
menos en teoría, su justificación humanista ante todo, es la de querer devolver
a los delincuentes a la sociedad en las mejores condiciones posibles de
autonomía y libres de rehacer sus vidas.
¿Se hacen bien las cosas en esa dirección?
¿Qué porcentaje de recaídas penales, de reincidencias se han
beneficiado de autenticas posibilidades de reinserción, durante su estancia en
prisión?
¿La recaída de un preso no debería ser imputable también al
fracaso de esa reinserción tan anhelada?
¿Es justo imputarla únicamente, como se hace por sistema, al
reincidente?
Las autoridades judiciales suelen “evaluar” la bondad de su
sistema penal y penitenciario en términos de cifras, por los porcentajes de
recaídas y tipos de delitos que se comenten tras ese quebranto y las tendencias
estadísticas que desvelan.
Con demasiada frecuencia nos ocultamos tras la tiranía de
los números y deberíamos investigar más a la realidad de la reintegración o
ocultamos lo difícil que puede llegar a ser para los gobiernos evaluar el
impacto de las nuevas políticas o directrices de justicia penitenciaria
sin indicadores fiables, es decir con esa forma, a la vez, común de medir y
presentar información para determinar si se cumplen las normas aplicables
asociando a los presos en el propósito evaluativo.
¿Qué ha hecho España de todos estos años?
¿Con las competencias de gestión de cárceles traspasadas a
las comunidades autónomas que las piden, se harían mejor las cosas?
Lo que ocurre en las cárceles, hace ya tiempo que no
interesa a nadie, lo que no impide excluir que estas consideraciones, en estos
tiempos tan convulsos, sean acogidas como lo debieran, y conserven la
importancia intrínseca que merecen o que requieran cierta parsimonia de trato.
No obstante, si la lamentable situación de las mujeres en
las cárceles españolas fueran susceptibles de despertar la fraternidad
colectiva que nunca hubiéremos debido abandonar hacia ellas, sino que sería la
prueba de que los problemas a tratar, no solo son de estas mujeres perdidas en
la noche de sus límites vitales, sino también que los intentos democráticos que
les debemos, para reconducirlos, nos afectan a todos en lo más profundo.
Evaluar el sistema penitenciario y las políticas de
reinserción, nos abriría el camino a seguir, porque pese a todo, el campo de lo
posible siempre es más amplio de lo que nos solemos imaginar.
(Tomado EL DIARIO (JOSÉ LUIS GÓMEZ LLANOS)

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