EL AISLAMIENTO ES TORTURA
LA VIDA EN SOLEDAD
“Raquel pasó sus últimos 6 meses
de vida en una celda de apenas 10 metros cuadrados en la que pasaba no menos de
21 horas diarias completamente sola. Las tres horas restantes se las repartía
entre la ducha y las horas de patio. Le llaman patio a un espacio de unos 15 o
20 metros cuadrados de cemento donde lo único que podía hacer era tomar un poco
el aire libre y hablar con otra persona con la que compartía el espacio. En
realidad, más que un patio, estaríamos ante una celda al aire libre. No tenía
actividades, no tenía nada más que hacer que esperar que pasara el tiempo. Y
así, un día tras otro”.
En una carta escrita a su pareja el
24 de diciembre de 2014, Raquel escribió “Joder! Qué hago? Me estalla el
cerebro de tanto leer. Llevo 12 días sin salir al patio. Tengo fiebre, a ver si
me traen los antibióticos. Necesito respirar, moverme, hacer gimnasia. Me estoy
volviendo loca, no puedo más”.
Cuatro meses después, el 11 de
abril de 2015, se suicidó dejando una carta póstuma dirigida al Juzgado de
Vigilancia Penitenciaria en la que denunciaba una situación continuada de malos
tratos.
Este es el día a día de las miles
de personas presas que se encuentran clasificadas en primer grado
penitenciario.
LA VIDA EN AISLAMIENTO
“La ventana había sido tapada
por fuera con una chapa metálica para impedir que los presos pudiésemos ver el
campo o el mar. La cama era metálica y se hallaba sujeta al suelo. Una
bombilla, un lavabo y un servicio a ras del suelo concluían el conjunto de
elementos de los que se hallaba provista la celda” – Xosé Tarrío.
Imagina pasar 21 ó 22 horas al día
en una celda dotada exclusivamente de una cama, un lavabo y una bombilla.
Nada más. Lo único que puedes hacer es leer. Y sólo si tienes la suerte de
contar con un grupo de gente apoyándote desde el exterior que te hará llegar
paquetes de libros y revistas cada 15 días. También con suerte y dinero, puedes
ver la tele. Tendrás que pagar 300 euros por una de las que venden en el
economato de la prisión.
Puedes bajar al patio dos o tres
horas al día acompañado/a de una única persona. Esa persona también está en
aislamiento y probablemente no la conoces de nada. Más vale que te caiga bien,
porque será la persona más cercana a ti de ahora en adelante. Si tienes buena
fortuna, en el patio de diminutas dimensiones tendrán un balón con el que
jugar. Un par de horas después, vuelves a la celda a ver el Sálvame u Hombres,
Mujeres o Viceversa. Y así todos los días durante semanas, meses o años.
LAS CONSECUENCIAS DEL AISLAMIENTO SOBRE LAS PERSONAS
“El régimen de aislamiento puede
repercutir muy negativamente en la salud mental, física y en el bienestar
social de los afectados por la medida” – El CPT tras su visita a España en
2011.
La experiencia de la cárcel como
institución total no deja indiferente a nadie. El tipo de socialización dentro
de la cárcel es contraria a la esperada rehabilitación que prevé el sistema
legal. Entre los distintos efectos adversos para el individuo que tienen lugar
en una institución total como la prisión se incluyen la deshumanización,
desculturación, manipulación del “yo”, alta tensión psíquica, estado de
dependencia y estigmatización, entre otras. Muchas de estas consecuencias son
inherentes a la propia arquitectura carcelaria. Los materiales que la
configuran -compuertas, pasillos, cerraduras, ventanas, etc.- tensionan la
estancia, incrementan la sensación de aislamiento y reclusión y disponen el
contexto para facilitar el ejercicio del poder sobre la persona recluida.
Podemos enumerar las consecuencias
físicas o fisiológicas del aislamiento: problemas gastrointestinales,
cardiovasculares, genito-urinales, migrañas y fatiga profunda, en los que se
constatan síntomas como palpitaciones, transpiración excesiva súbita, insomnio,
dolores dorsales y articulares, deterioro de la vista, falta de apetito,
pérdida de peso y diarrea, letargia y debilidad, temblores, sensación de frio y
agravación de los problemas de salud preexistentes.
Por su parte, las consecuencias
psicológicas cuyos síntomas se han comprobado pueden manifestarse de forma
gradual hasta las agudas o crónicas. Las categorías conocidas son las
siguientes:
(1) angustia: desde la sensación de tensión hasta crisis de pánico
(irritabilidad, miedo a una muerte inminente);
(2) depresión: desde un bajo
estado anímico hasta la depresión clínica (pérdida de reactividad emocional,
sentimiento de impotencia, perdida del deseo a vivir);
(3) cólera: desde la ira
hasta rabia profunda (hostilidad, imposibilidad de contener los impulsos,
acceso de violencia física y verbal en contra de uno mismo, del otro o de
objetos, rabia no contenida);
(4) problemas cognitivos: desde falta de
concentración a estados de confusión alta (pérdida de memoria, confusión y
desorientación);
(5) distorsiones de la percepción: desde hipersensibilidad
hasta alucinaciones; (6) paranoia y psicosis: desde pensamientos obsesivos a
psicosis caracterizadas; y (7), por último y más terrible, automutilación y
suicidio.
“Te están violando toda tu vida,
cuando te están dando tu dignidad está tocada; cuando se alargan los
aislamientos, el miedo, la muerte y te paras a pensar en la dignidad…” –
TESTIMONIO DESDE PRISIÓN.
Por último, cabría hablar del
aislamiento social propio de la mera estancia en prisión. La cárcel puede
provocar alteraciones negativas en la persona, sobre todo en situaciones de
abuso y malos tratos. Estas situaciones afectan tanto a la persona recluida
como a sus familiares y entorno, porque para poder sobrevivir a este sistema, resulta
determinante adaptarse al nuevo medio y sus normas de conducta. No adaptarse
supone perpetuar una percepción de la prisión como un entorno amenazante,
coercitivo y, en muchos casos, destructivo.
La prisión exige unas consistencias
comportamentales (cultura carcelaria), es decir, adecuarse a su anormalidad.
Pero adaptarse a la prisión puede suponer la inadaptación social. Adecuarse a
la vida en prisión dificulta el regreso a una vida normalizada en sociedad. Y
si esto es a lo que se enfrentan quienes cumplen condena en régimen ordinario,
resulta inconmensurable el esfuerzo que deberán realizar quienes han pasado
años en una vida de soledad en régimen de aislamiento.
“Hasta que no pasas tiempo con más gente, los primeros días
estas distante con todo el mundo. Son muchos períodos, estás reservado.
Aislarte es consecuencia del propio aislamiento” – Testimonio desde prisión.

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