LA MODIFICACIÓN DEL CÓDIGO PENAL...
El Grupo de Estudios de Política
Criminal rechaza el nuevo Código Penal por su endurecimiento injustificado de
las penas
La introducción de la cadena
perpetua como vértice del sistema de penas abandona dramáticamente cualquier
finalidad de reinserción social y se utiliza exclusivamente con fines
propagandísticos.
Ante la reforma penal
emprendida por el Gobierno el Grupo de Estudios de Política Criminal considera
necesario manifestar públicamente su rechazo tanto al contenido como a la
forma. El Grupo de estudios de Política criminal está constituido por cerca de
dos centenares de penalistas con una doble procedencia, catedráticos y
profesores permanentes de derecho penal de universidades españolas, y jueces y
magistrados activos en los diversos niveles de la jurisdicción penal española.
Constituido en 1989 como un grupo permanente de trabajo dedicado a desarrollar
e impulsar investigaciones y propuestas político-criminales a partir de
presupuestos progresistas – véase Declaración programática incluida en los
Estatutos originales- ha ampliado con el paso del tiempo su actividad a labores
de promoción de sus propuestas en el debate ciudadano y en el ámbito político.
Desde este colectivo de
profesionales se insiste en que “no hay derecho” puesto que en esta reforma se
da un salto cualitativo en el endurecimiento de la respuesta penal sin que
exista ningún estudio riguroso previo de la situación del sistema penal español
ni justificación racional para ello.
A tal efecto señalan que “Las tasas
de población penada y penitenciaria en el Estado español son extremamente altas
cuando las tasas de delincuencia son inferiores a la media europea. El
endurecimiento de las penas no determina una mayor seguridad de las personas
puesto que ésta depende en mayor medida de otros factores.”
Estos expertos recuerdan que ya el
actual Código penal vigente contempla penas de duración superior a los cánones
europeos, permitiendo ya en la actualidad cumplimientos de hasta cuarenta años
de efectiva estancia en prisión.
La introducción de la cadena
perpetua como vértice del sistema de penas abandona dramáticamente cualquier
finalidad de reinserción social y se utiliza exclusivamente con fines
propagandísticos. Penas de mayor duración no suponen obtener mayor seguridad
pero sí provocan, sin duda, supuestos de una crueldad absolutamente
innecesaria. De la misma forma, la calificación como delitos de las
infracciones hasta ahora consideradas como faltas representa una exacerbación
de la respuesta penal injusta y desproporcionada.
Para estos juristas la reforma peca
de ambigüedad, dejando a los Tribunales la tarea de definir las respuestas que
deberían ser establecidas en sede parlamentaria. En esta línea las sucesivas
referencias a un evanescente criterio de peligrosidad esconden un cambio de
concepción jurídico penal que camina de juzgar el hecho y la culpabilidad del
sujeto a pretender juzgar al propio sujeto, en línea con antiguas leyes de
peligrosidad social de nefasto recuerdo.
PELIGROSO PACTO PP-PSOE
ANTITERRORISTA
En este sentido merecen destacarse
especialmente, de un lado, el pacto PP-PSOE en materia terrorista donde -frente
a medidas mucho más eficaces como la inteligencia, la cooperación o la política
internacional- se huye al derecho penal, por un lado, tipificando conductas que
ya eran consideradas delictivas con una clara finalidad exclusivamente
propagandística, y por otro, difuminando el concepto de terrorismo,
criminalizando la libertad de pensamiento, creando delitos de sospecha y
conductas indeterminadas inaceptables en un Estado de derecho.
Por otro lado, la reforma penal –
en sintonía con el Proyecto de Ley de Seguridad Ciudadana- criminaliza la
protesta ciudadana con el fin de disuadir a los muchos colectivos de ciudadanos
indignados de expresar públicamente su rebeldía contra una política que
destruye los cimientos del Estado del bienestar y aprovecha a quienes en buena
medida han provocado la crisis económica y siguen beneficiándose de ella a
juicio de estos expertos.
Un Estado democrático no puede
asumir que el Derecho Penal se convierta en un instrumento de exclusión social,
sanción de la pobreza y control indeterminado de la ciudadanía en manos de unos
pocos.
A todo lo anterior añaden los
múltiples y variados errores técnicos de que adolece la reforma, puestos
insistentemente de manifiesto no sólo por expertos en la materia, sino también
por las más altas instituciones llamadas a pronunciarse -desde El CGPJ, al
Consejo de Estado, pasando por el Consejo Fiscal-, cuyas opiniones no han sido
atendidas en la medida en que merecían serlo.
La precipitación en la reforma y la
ausencia de otra justificación que no sea la mera propaganda determinan que nos
veamos en la obligación de calificar el texto como muy deficiente técnicamente,
lo que producirá sin duda problemas de interpretación y aplicación que derivan
en mayor inseguridad de la ciudadanía sobre el espacio de actuación penal.
Además, el Gobierno, sacando adelante a toda costa su
reforma, ha ignorado esas voces y la del resto de Grupos Parlamentarios,
olvidando que el consenso en materia penal forma parte inescindible de su
legitimación intrínseca. “No es un Código penal de todos.”
LAWYERPRESS.-

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